La fiebre nacional

“Dejando de lado la raíz uruguaya de mis canciones, te puedo decir que de toda la otra influencia, los Beatles serían el ochenta por ciento”. Jaime Roos

Jaime Roos es el nexo más evidente de la larga presencia de los Beatles en la música uruguaya. La beatlemanía pegó fuerte en Uruguay.

Por Fernán R. Cisnero

“Se me puso la piel de gallina”, confesó Jaime Roos en el libro Los Beatles en Uruguay, refiriéndose a la primera vez que escuchó la música de la banda en la tardecita de un domingo de 1963. “Era un niño que de pronto escuchó algo que lo golpeó”.
La canción era Love me do.
Aquel niño no estaba solo. Esa misma sensación (o variantes del tipo “descarga eléctrica” o “shock”, por citar las más comunes) se repiten en varios de quienes luego se volverían reconocidos músicos uruguayos. La influencia de los Beatles en la música nacional es tal que la beatlemanía, por ejemplo, llevó a la creación del “candombe beat”, adaptación afro-uruguaya de aquel sonido que salió de Liverpool.

No solo la música del propio Roos está claramente influida por el sonido beatle. Por solo nombrar aquellos que estuvieron expuestos a aquellas primeras radiaciones, una lista formal debe incluir a Eduardo Mateo, Ruben Rada y los hermanos Fattoruso, quienes alguna vez atendieron como Los Shakers y se volvieron una réplica de cabotaje pero con talento propio. Así, los Beatles son un pilar fundamental de lo que podría llamarse la música urbana uruguaya. Fue la influencia musical más revolucionaria para la cultura local, por lo menos hasta la llegada de los franceses Mano Negra en 1992.

La fiebre beatle fue, como el sarampión, una enfermedad que agarró, de chicos a los músicos uruguayos. Ya en 1964, como recuerda el bien informado De las cuevas al Solís de Fernando Peláez, había flequillos por todos lados que se reunían alrededor de programas oportunistas pero esclarecedores. El más importante lo conducía Elías Turubich. “A las seis de la tarde, en CX8 Sarandí, venía Beatlemanía hasta las seis y media”, recuerda Roos en Los Beatles en Uruguay. “Yo dejaba de jugar al fútbol allá en el campito de la rambla entre Convención y Andes, iba a casa y escuchaba Beatlemanía y volvía al campito para seguir jugando. Paraba el fútbol para ese momento de comunión espiritual”. En ese libro, Roos también se refiere a la música de los Beatles como “una manifestación de Dios”, que sus integrantes estaban “habitados por un solo espíritu”, y como “los agentes revolucionarios más importantes de ese segmento de la historia de nuestro siglo”. Son conceptos casi religiosos compartidos por toda una generación.
Tanta devoción se coló en la obra del propio Roos, que confesó que de niño le decían Lady Madonna dada su obsesión con esa canción de McCartney. Así, la música de Jaime Roos conforma el puente más constante entre los Beatles y géneros tan uruguayos como el candombe, la murga o la milonga. El propio músico reconoció al diario argentino La Nación que “dejando de lado la raíz uruguaya de mis canciones, que es muy notoria y está muy presente, te puedo decir que de toda la otra influencia, los Beatles serían el 80%”. Durazno y Convención sería su Penny Lane, dijo en algún momento. La música de los Beatles también alentó la parte más experimental de la música uruguaya.
La beatlemanía en Uruguay fue el último grito generacional de un país que se terminaría poco después de la disolución de los Beatles. El músico Daniel Viglietti, en un artículo de 1966, decía cosas como “cuando uno oye a los Beatles, sienta esa convicción de que la vida seguirá adelante a toda costa”.
Quizás sea por eso que, tras aquel descubrimiento juvenil, los Beatles se volvieron un testimonio que en Uruguay aún se pasa de una generación a otra. Eso es parte del secreto.

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