Haz planes pero no planifiques resultados: una simple frase que nos preserva de preocupaciones innecesarias y del estrés. Si nuestros planes involucran a otras personas, sería conveniente trabajar con alegría hacia la realización de nuestros sueños, pero no debemos esperar ni preocuparnos si los demás no persiguen los mismos objetivos.
Tampoco hay que preocuparse si los demás no están tan entusiasmados con nuestras ideas como nosotros. Sabemos que sólo podemos cambiarnos a nosotros, no podemos forzar cambios en los demás. Otra causa de la tensión innecesaria en la planificación de resultados proviene de nuestra arraigada costumbre de considerarnos a nosotros mismos inadecuados. Con demasiada frecuencia, los que hacemos planes, renunciamos cuando predecimos el resultado de nuestros sueños sobre la base de nuestras experiencias pasadas. Equivocadamente concluimos que debido a que fracasamos o nos sentimos vacíos en el pasado, lo más seguro es que no tengamos éxito en el futuro, por lo que abandonamos demasiado pronto y racionalizamos nuestra renuncia con un “¿y para qué molestarme en intentarlo?”. Hoy voy a hacer planes pero no estaré pendientes de los resultados. Voy a llevar a cabo mi plan, un día a la vez, a sabiendas de que mi desempeño pasado no es un indicador infalible de mi éxito actual o futuro. Voy a mirar al futuro con esperanza, sin desesperación.
Del libro: “El estanque reflectante” por Liane Cordes